Anónimo1:
Hubo una vez en la que yo me encontraba patinando y decidí bajar las escaleras del patio de mi urbanización con los patines, pero no salió bien (¿y que te esperabas?), me caí de espaldas y me arrastré hasta la puerta de mi casa porque me estaba muriendo de dolor (¿no hubiese sido mejor llamar a una ambulancia?)
Anónimo2:
Un día estaba yo en el colegio dando expresión corporal. Estábamos haciendo una actividad que consistía en imitar a un ciego, yendo con los ojos cerrados (esto promete...). Íbamos con ayuda de nuestra pareja que, mientras yo iba con los ojos cerrados, iba guiándome. Tenía que bajar unas escaleras y le pregunté a mi profesor si podía abrir los ojos para bajar la escalera (dijo la ciega), ya que me podía caer (bueno vale). Finalmente me obligó a bajar la escalera a ciegas... ¿Resultado? ¡Caída estrepitosa!
Anónimo3:
Tenía unos patines y, como se puede decir que casi no sé patinar (¿casi?), me caí en medio del polideportivo (he de añadir que la vio todo el mundo). Lo que más miedo me dio fue si me podría volver a levantar alguna vez.
Ana Morales:
Hallábame yo, feliz, con mi bicicleta nueva, a mis escasos once años (empieza con un toque sofisticado) cuando vi una magnífica cuesta que, tras mis ojos de niña, era prácticamente vertical, pero que terminaba en una curva MUY cerrada. Sin pensármelo dos veces me lancé a la cuesta(¿¡QUÉÉÉÉ?!) y en un momento de lucidez alimentado por la adrenalina de la bajada pensé que realmente podía pasar entre una farola que estaba muy pegada a la pared (claro, ¿quién no pensaría eso?), para suavizar la curva y no dejar mis dientes estampados contra el muro, ya que los frenos y yo no estábamos muy bien por ese entonces (¿y aún así te tiraste?). Justo un segundo antes de pasar entre la farola y la pared me dije "mierda" (un poquito tarde).
La bicicleta quedó encarada perfectamente mientras yo salía volando por los aires como el corcho de una botella de chapó (buen ejemplo) para, triunfalmente, estampar mi cara contra el suelo. Esta es la historia de como nos reconciliamos los frenos y yo (me alegro por vosotros...).
Jorge:
Estábamos en el centro comercial viendo una película (yo también estaba). Cuando terminó, salimos del cine y nos fuimos a cenar. Yo me retrasé y cuando entré al restaurante (el Pans and Co.) busqué a mis amigos, que estaban en la mesa del final. Los saludé:
- ¡¡Chicoooos!!
Yen mitad de esa explosión de alegría (exagerado, sólo llevábamos unos minutos separados), resbalé con algo pegajoso y me estampé en la mesa de mis amigos estrepitosamente. Mientras todos se reían divisé a una patata brava aplastada, que parecía sonreír maliciosamente... (añado que intentamos que repitiera la caída en la mesa de al lado, donde había gente, por 50 euros, pero se negó)
(Lo que está entre paréntesis son comentarios míos)

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